Y es entonces cuando mi respiración comienza a perder el compás, mis uñas empiezan a clavarse en tu espalda y mis dientes, en tu cuello. Los dos gritamos con rabia. Un grito de furia hacia el mundo, lo hacemos a sus espaldas.
Qué calor hacía aquel día. Qué ganas de quitartelo todo a bocados. Que tu cinturón golpee el frío mármol.
Agárrame por el culo y empecemos a jugar. A jugar como los niños que somos. Ponme contra la pared, levántame el vestido. Quítame las bragas y mete la lengua, muevela, hazlo como sabes.
Hagamos lo de antes, deja que tus manos y tu boca vuelvan a recorrer mi cuerpo. Vamos a subir, vamos a llegar al estado de placer máximo.
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